Arte y mercado (I)

Homer y su marchante de arte. Al fondo, su obra de arte marginal.

Homer y su marchante de arte. Al fondo, su obra de arte marginal.

En el episodio Mom and Pop Art (“Mamá y el arte de papá”, en su traducción española) Homer, que no destaca precisamente por tener algún talento (ni artístico ni de ningún tipo), se convierte de la noche a la mañana en un artista marginal, cuando la barbacoa destrozada que no ha conseguido armar acaba sobre el capó del coche de una extravagante artista conceptual. “Homer, el arte no es sólo cuadros bonitos”, le dice para convencerlo de que en su barbacoa hay una obra de arte y que podría, bajo su mecenazgo, exponerla en un museo. A partir de este momento, Homer inicia una escalada hacia la cúspide del éxito, que se producirá cuando el multimillonario Sr. Burns compre la pieza. Es esta venta la que convierte a Homer en un verdadero artista, al ubicarlo en el mapa del mercado del arte; el Sr. Burns tampoco tiene ni idea de arte, pero es una persona poderosa e influyente, lo cual lo convierte en un catalizador. Marge, contrariada y visiblemente molesta, que ha asistido a clases de arte desde pequeña y tiene cierto gusto por la pintura, no entiende el fulgurante e inmerecido – aunque también efímero – éxito artístico de su marido.

El mercado del arte es así y Los Simpson, con su habitual socarronería, ilustran muy bien en este episodio su funcionamiento volátil y caprichoso. El del arte es un mercado inestable y frágil, que no sólo depende de la subida o la bajada de la cotización de sus productos (las obras de arte), sino también de factores extraartísticos, como que una determinada corriente se haya puesto de moda o haya un particular interés en resucitar a un artista. Por descontado, al igual que otros mercados, también está influido por la coyuntura política y económica; el arte es el primero en resentirse ante una crisis y no suele ser la primera opción de inversión en época de bonanza económica.

He obviado aquí el “dilema” moral o filosófico que para algunos plantea la comercialización del arte. Si bien se trata de una cuestión enjundiosa y ciertamente interesante, que enfrenta a muchos historiadores del arte – que suelen poner el acento en el valor histórico, simbólico o estético de la creación artística – con los “agentes” del mercado del arte – cuyas preocupaciones se centran en su valor de cambio -, considero que el debate está superado. El arte y el comercio, en una sociedad de mercado, no pueden ni deben ser incompatibles; los artistas necesitan vender sus piezas para seguir creando arte nuevo, y para ello necesitan de un mercado. No nos dejemos llevar por la naïvité. Desde este punto de vista, el problema no se plantearía tanto en por qué sino en cómo ponerle precio a una obra de arte. Algunas obras con el paso del tiempo se devalúan, y otras se revalorizan, pero no sabemos en función de qué se producen estos fenómenos. Lo mismo ocurre con el precio, que siempre dependerá de la trayectoria del artista y de la galería que lo represente, pero aquí tampoco hay reglas fijas, lo cual ha abonado el terreno, durante muchos períodos del mercado del arte, a movimientos especulativos.

 Picasso, Warhol, Mattisse, Mondrian, Giacometti, Léger, Degas, Monet se encuentran entre los artistas que más recaudan por la venta de sus obras. De los españoles, además de Picasso, figuran Miró, Dalí y Sorolla. El español vivo más cotizado es Miquel Barceló que batió en junio de 2011 su récord en una subasta con la obra Faena de Muleta por casi 4 millones de euros.

Fuente: “Arte contemporáneo, arte a la baja”. Catalina Serra. El País

La comercialización del arte no es una circunstancia en absoluto nueva, ni ligada exclusivamente al arte contemporáneo. Una breve mirada histórica nos lo demuestra; el arte lleva comercializándose desde la Edad Media, momento en que surge la forma más primitiva de “mercado artístico”. En un principio, se trataba de simples intercambios comerciales entre los artesanos de los talleres y los clientes que les realizaban encargos concretos. Durante el Renacimiento, que prestigió la figura del artista, la aristocracia puso en auge la colección de antigüedades y de objetos arqueológicos, al igual que más adelante haría la burguesía industrial. En el siglo XV, Venecia, Florencia y Roma se convirtieron en mercados artísticos muy activos, con muchos intercambios comerciales, como después lo serían las ciudades de Amberes (s. XVI) y Ámsterdam (s. XVII).

Principales agentes del mercado del arte

Estos mercados propiciaron el contacto directo entre artistas y compradores, a los que debemos considerar los actores primigenios del mercado del arte. Pero para cartografiar el mapa de mercado artístico no debemos pasar por alto a los “intermediarios”, que en este caso cobran un protagonismo especial, prácticamente imprescindible. En el considerado mercado primario del arte (el que da salida a obras de nueva creación), están las galerías y los marchantes, que también intervienen en el mercado secundario (fundamentalmente centrado en la reventa de obras), donde entran en escenario las ferias y, sobre todo, las casas de subastas.

La galería de arte es una pieza capital en el mercado del arte y trabaja a menudo tanto en el primario, promocionando a sus artistas y creando una marca con su nombre y estilo, como en el secundario, revendiendo piezas concretas a través de casas de subastas y marchantes. La Mary Boone Gallery, fundada en 1977 y con sede en Nueva York, es una de las más importantes internacionalmente. La Saatchi Gallery, con sede en Londres, funciona desde 1985 y es una de las galerías de arte europeas más reconocidas.

El marchante de arte funciona como un vínculo entre el artista y el comprador/galería, y surge para descargar al artista de las tareas de gestión de la venta de su obra, con el fin de que pueda dedicarse íntegramente a la creación artística. Es un comerciante privado de arte, pero a diferencia del galerista, no cuenta con un espacio de exposición. Las vanguardias artísticas nos han legado reconocidos marchantes como Aimé Maeght o Bruno Bischofberger.

Las ferias de arte son acontecimientos periódicos (normalmente anuales) que actúan como dinamizadores del mercado de arte y constituyen una cita imprescindible para galeristas, coleccionistas (tanto privados como públicos) y público. La feria suiza Art Basel es la feria de arte moderno y contemporáneo con mayor prestigio e influencia en el mercado del arte. En España, la más importante es ARCO, que se celebra anualmente en Madrid desde 1986.

Por último, las casas de subastas celebran ventas organizadas de una pieza o de un lote de piezas, en las que los potenciales compradores pujan por las obras que les interesan; el comprador que pague una mayor cantidad será quien finalmente se quede con la pieza. La casa de subastas, entre otras cosas, deberá asegurar que las obras subastadas sean auténticas. Las más relevantes en el ámbito internacional son las británicas Sotheby’s, dedicada a las Bellas Artes desde el 1804, y Christie’s, fundada en 1766 y dedicada también a objetos decorativos.

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